miércoles, 18 de mayo de 2011

Sujomlinski - Gramsci y la Escuela de la Alegría

SUJOMLINSKI




Se considera a Vasil Sujornlinski (1918-1970) el gran pedagogo del comunismo soviético del siglo XX. Tras haber finalizado sus estudios de magisterio, participó en la Segunda Guerra Mundial, donde su mujer resultó muerta, este hecho marcó su odio hacia el fascismo.
Sujomlinski, en el año 1947, tomó la dirección de la escuela de Pavlísh, en Ucrania. Gracias a él, ésta se hizo famosa y pudo compaginar su actividad docente con la elaboración de su obra pedagógica. Así, transcurren más de veinte años de su vida dedicados plenamente a la infancia.
Desde su escuela, fue capaz de orientar desde una perspectiva personal parte del pensamiento pedagógico soviético.
Sujomlinski no elaboró un libro que resumiera todos sus pensamientos si no que sus ideas se encuentran dispersas entre las páginas de 30 libros y 500 artículos. Éste se basaba en determinadas características de la Escuela Nueva occidental (el paidocentrismo y el idealismo) que las combinaba con los principios de la educación socialista. Puede entenderse el éxito que tuvo su pensamiento porque halló una vía intermedia entre los dos sistemas antitéticos, el individualista burgués de la Escuela Nueva y el hombre nuevo marxista centrado en el grupo y en la comunidad.

LA ESCUELA DE LA ALEGRÍA LIGADA AL PENSAMIENTO DE SUJOMLINSKI.
La escuela de Sujomlinski recibía esta denominación debido a que la alegría, la felicidad y la libertad se convierten en su base pedagógica.
Su principal preocupación era desarrollar todas las potencialidades del ser humano.
La enseñanza debía basarse en la felicidad y en la alegría infantil porque un niño preocupado o triste no está en condiciones de aprender. Los niños aprendían jugando y paseando en ambientes preparados para ellos. Con sus alumnos construía lo que denominaban “gruta del ensueño” para refugiarse los días de invierno, allí se imaginaban historias, las escribían, las dibujaban y hacían también poesías.
Los planteamientos educativos que Sujomlinski plantea nos recuerdan a “la casa de la alegría” de los pedagogos renacentistas, sólo que él pretende educar a través de la alegría, la actividad y el juego y no se dedica solamente a los más pequeños, sino también a los adolescentes. También incluye el rigor y la exigencia que es necesaria para que los alumnos adquirieran los conocimientos y las habilidades previstas en su aprendizaje.
Creó los “campos de tensión” que eran ambientes adecuados de actividad y trabajo. Además, cualquier cosa que se plantease, se podía llevar a la práctica en una atmósfera de alegría en la que no era necesario las órdenes y los mandatos porque los propios niños eran los que estudiaban e investigaban para alcanzar el objetivo propuesto. El niño era feliz con los proyectos que se le presentaban, mientras realizaba los trabajos necesarios y conseguía los objetivos que se proponía.
Como resultado de de estos campos de tensión se creaba un ambiente adecuado para que los niños estudiasen voluntariamente, se dieran cuenta de que era necesario hacerlo y lo hicieran además, de una forma espontánea.
La pedagogía de Sujomlinski defiende la necesidad de desarrollar todas las posibilidades del educando en un ambiente colectivo de trabajo, cuyo planteamiento es obtener objetivos beneficiosos para la comunidad, es decir, para el grupo y su personalismo se consigue gracias al esfuerzo y los estímulos que proceden de él.
El primer paso por parte de la escuela no tenía por escenario las aulas sino la naturaleza. Se recibía a los más pequeños en su primer día de clase conduciéndolos hacia el jardín.
Él trataba de despertar emocionalmente la razón, es decir, quería enseñar al niño a pensar. Pretende despertar la mente infantil, dirigiéndola hacia el sentimiento y dirigir éste directamente a la mente. Su recurso planteado para la realización de esta tarea es acudir a la sensibilidad del niño.

Él admitía que: "La enseñanza de sus alumnos no consistiría en "empollar", sino en sumergirse en esa desbordante vida intelectual que trascurre en el mundo de los juegos, de los cuentos, de la belleza, de la música, de la fantasía, de la creación"
Las calificaciones en la escuela de Pavlish recompensaban la laboriosidad y no se encargaban de castigar la pereza. Así mismo, evitaba las actividades competitivas que pudieran humillar a los menos capaces y se mostraba partidario de la gimnasia, la emulación de la belleza y la armonía de los movimientos.
Todo el trabajo de Sujomlinski está basado en la fe en el niño, en su capacidad. En su metodología se trata de inculcar en los niños el afán por el estudio, cómo enseñar a trabajar, cómo despertar el deseo de ser una buena persona.
Otro aspecto fundamental en su pedagogía es inculcar amor a todo tipo de trabajo a través de la teoría de la educación de la laboriosidad. Los alumnos debían dedicarse al trabajo que reportase beneficios pedagógicos en actividades asociadas al pensamiento y a la creación. No se trataba de hacer cualquier trabajo, sino aquellas actividades manuales y mentales que interesaran al alumno y que le permitieran demostrarse a sí mismo que valía.
Sujomlinski pensaba que antes de educar hay que hacer al niño educable sin rendirse ante las dificultades de su aprendizaje y para conseguirlo se basaba en lo que denominaba la educación del sentido de la belleza que se atesora en la naturaleza, en los libros y en los demás. Debido a este planteamiento, empezaba la educación y la enseñanza de los más pequeños incorporándolos a la escuela por el jardín. Para introducir al niño en el mundo de la bondad utilizaba los cuentos y pedía a las madres que también contaran cuentos a sus hijos y tras el cuento venía la lectura de libros escogidos para los que el educador ruso creó la “estancia del pensamiento” que contenía los que consideraba los 300 mejores libros de la biblioteca mundial.








ANTONIO GRAMSCI




Antonio Gramsci, italiano, (1891-1937) es uno de los pensadores marxistas. Se dedicó fundamentalmente a la actividad política y periodística como militante primero del partido socialista y luego del comunista, del que fue uno de sus fundadores.
Sus reflexiones sobre la cultura y el papel de los intelectuales en la sociedad y en la educación se derivan de las difíciles y duras condiciones de vida que le llevaron así a definir la pedagogía del esfuerzo, el principio de la autodisciplina como elemento pedagógico fundamental.
Su interés por la pedagogía tiene un origen personal (preocupación por la educación de sus hijos) y otro de preocupación social (su conocimiento de la crisis social, política y educativa de su época)
Para él el socialismo debe impedir que la cultura sea un privilegio de las clases dominantes, pues debe estar fundamentada sobre igualdad de los hombres.
Gramsci concibe la cultura como la concepción coherente y unitaria de la vida del hombre, de la cultura como apropiación del yo y como camino de liberación.

Para Gramsci todos los hombres son intelectuales, pero no todos los hombres tienen la función de intelectuales en la sociedad. El intelectual del nuevo humanismo socialista deberá ser un dirigente que se inmiscuye en la vida práctica como organizador y no como orador. Debe estar junto al pueblo, sentir, comprender, explicar y justificar sus pasión es, relacionándolas dialécticamente con una concepción científica del mundo. Su función debe ser dirigente, formar un bloque histórico entre masas e intelectuales, en el que estos últimos elaboran y dan coherencia a las concepciones y problemas que las masas plantean en su actividad práctica.
Para él el hombre un reflejo de la sociedad.
Gramsci se muestra contrario en la educación tanto al liberalismo, basado en el espontaneísmo, como al autoritarismo defendiendo así una posición intermedia entre la disciplina rígida y el espontaneísmo. Su propuesta incluye la exigencia marxista de la polivalencia, de la omnilateralidad y del desarrollo integral y la que entiende como necesaria disciplina, similar a la "disciplina consciente" de Lenin que imponga hábitos, normas y ciertas limitaciones a la libertad individual.

El papel del maestro se ilustra como el representante de la conciencia crítica de la sociedad que asume el papel de mediador entre la sociedad general y la comunidad educativa.

Se muestra partidario de una escuela única obligatoria que permita a los estudiantes formarse como personas y aprender a pensar, estudiar y dirigir. Esta escuela única tendrá dos fases:
1. Una de carácter humanístico, formativa y de carácter general en la que se armonizarán el trabajo intelectual y el manual.
2. Se desarrollarán los valores fundamentales del humanismo, la autodisciplina intelectual y la autonomía moral que se necesita para la posterior especialización científica, técnica o productiva.

Esta escuela única debe reunir una serie de características: desinteresada en la que se dé al niño la posibilidad de formarse, de hacerse hombre, de adquirir los criterios generales válidos para el desenvolvimiento del carácter, humanística, que no hipoteque el porvenir del niño y fuerce a su voluntad, a su inteligencia y a su conciencia. Una escuela de libertad y de libre iniciativa y no una escuela de esclavitud y mecanicidad.
Para Gramsci el trabajo es un componente de la enseñanza, un momento educativo del proceso autónomo de educación.

Su pensamiento gira en torno a que todos los hombres deben unirse para luchar contra el capitalismo, ya que piensa que este es origen de las diferencias sociales entre unos y otros y los problemas que existen en la sociedad.

Pretende hacer desaparecer la fuente de los problemas, el capitalismo, a través de la cultura; cultura que se enseñará en la escuela.

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